I. DEL GRITO
La chica grita
La grita estalla
El grito chica
El grito estalla.
Esto no es música para mis oídos.
Al compás de lo que se deshace
se deshilacha y se desacompasa,
se reescribe, se rearma
se reelige
se empieza de nuevo con otra
expectativa en la garganta.
Ese grito es cada vez más alto
¿y esa risa?
¿Esa risa detrás, antes y después del grito?
¿Qué es eso?
La cantante lírica ríe detrás del grito.
La boca se abre y se cose
se sutura
detrás y después del grito.
Hay algo que no se dijeron
y hoy es dicho a los gritos en la calle
con una risa de fondo.
Cuando una cantante lírica ríe, se rompen
los vidrios de lo que ha sido callado
durante todo el invierno
y parte de la primavera.
II. DEL OTOÑO
El otoño nos dejó eso,
nada.
Manos que se abren y se caen y dejan caer
todo lo que no(s) dijimos
todas las tardes, mañanas y noches
que creímos ser
lo que no somos
lo que no éramos.
Eso,
todo lo que el otoño nos dejó.
Las manos vacías
la media sonrisa desgastada
de tanto reencontrarse en la ilusión de ser
lo que acaso no supimos cómo.
El nudo.
Sí, nos hicimos un nudo.
El otoño nos hizo un nudo.
Esperábamos la primavera.
Esperábamos en la terraza
una mañana de abril que fuera primavera.
Pero para cuando los árboles se volvieron a llenar
y las hojas quisieron ser verdes de nuevo
ya no nos encontraron de la mano.
III. SEPTIEMBRE
A veces un mes puede durar dos o tres.
A veces una charla puede posponerse un mes o dos.
A veces las manos no se terminan de soltar durante un tiempo.
A veces no todo se suelta, quizás.
Volvieron a verse y allí estaban
como si el tiempo no hubiera pasado
pero con dos estaciones más encima.
Se miraron a los ojos y se dijeron sí, de nuevo
un abrazo interminable y las ropas
volvieron a caer como en abril.
Ella volvió a golpearse el pie
con la pata de la cama y volvió a quebrarse
los mismos huesos mínimos que nadie
sabe que tiene hasta que un incierto día
de mayo, abril o junio
se los quiebra con la pata de la cama de su amada.
IV.
Para cuando llegó la primavera
Para cuando llegó la primavera para cuando llegó la primavera para cuando llegó…
Agosto se llevó todo lo que había para decirnos
y para cuando vino septiembre,
para cuando llegó la primavera
sólo quedaba un minuto de imagen en movimiento
que no se correspondía con su nombre.
Sólo quedaba el rastro
de la tristeza de una tarde vos acá yo allá –o al revés-
del otro lado de la frontera
Una distancia imposible,
infinita de acortar.
d.l.g. o9